Odessa, conocida como la Perla del Mar Negro, una fusión de arquitectura francesa e italiana que da lugar a una ciudad de gran belleza. Griegos y romanos fueron las primeras civilizaciones en pasar por allí, aunque no adquiriría la categoría de ciudad hasta que en el siglo XVIII la emperatriz rusa Catalina la Grande decidiese crear allí un puerto marítimo que diese entrada a las mercancías procedentes del sur. Esta iniciativa fue puesta en práctica y supervisada por el conde español José de Ribas, quien se dice que fue uno de los múltiples amantes de la emperatriz, a la que por lo visto le gustaba mucho el sexo. En el centro de Odessa hay una estatua dónde se puede ver a la emperatriz Catalina en el medio y a su alrededor cuatro de sus principales amantes, entre los que se encuentra el conde español.
