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viernes, 5 de abril de 2013

Un país en el olvido



Estoy descubriendo tantas cosas a la vez que no sabría por dónde empezar. Moldavia, el país más pobre de Europa con un salario medio de 100€ al mes, donde comer en un restaurante puede costar menos de 2€, donde la corrupción alcanza límites insospechados, donde existe un país interno llamado Transnistria, sin reconocimiento internacional y en el que gobierna un partido comunista al más puro estilo soviético de la URSS, donde se hablan oficialmente 2 idiomas (ruso y rumano) aunque existen influencias del ucraniano e incluso una región (Gagauzia) donde se habla un dialecto del turco…

jueves, 4 de abril de 2013

Camino de Moldavia


Algunos fallos en la página web de los trenes ucranianos me ha hecho adelantar mi llegada a Moldavia además de cambiar la frontera de entrada al país. Mi intención era acceder por el Norte, yendo directamente desde Lviv, pero el tren que hacía esa conexión ya no existe por lo que ayer tuve que coger un tren a la 1 de la madrugada que tras 13 largas horas de ha traído a Odessa, ciudad costera en el Mar Negro. Desde aquí voy a coger otro tren hasta Chisinau, así que perfecto. El problema es que tengo que cruzar la frontera por una región llamada Transnistria, una zona de conflicto durante la caída de la URSS en los 90 y dónde aún existe inestabilidad. La corrupción por lo visto es muy alta y me han dicho que la policía pide dinero en los trenes y que si lo hacen, que no de nada. Veremos a ver qué pasa y cómo de natural me sale eso de decir que no a la policía. 

Os seguiré contando! 

miércoles, 3 de abril de 2013

Noche fronteriza


Ya estoy en Lviv. Llegué a las 6 de la mañana ucraniana cuando aún no habían puesto casi ni las calles. ¡Aunque creo que aquí no se esfuerzan mucho en ponerlas con los socavones que dejan! Oyga, la CS que me aloja, me sugirió coger un taxi en la estación que por 4 o 5€ me dejaba en la puerta de su casa, pero después de estos meses en Polonia y después de que me clavasen 40€ por el tren a Ucrania he decidido que me merecía el sacrificio de coger un autobús (sacrificio que se ha multiplicado según pasaban los minutos en la calle bajo la fuerte nevada que caía). Los 0,20€ que me ha costado el billete han merecido la pena.

martes, 2 de abril de 2013

En busca de la Primavera



OPCIÓN 1: Encender la televisión en España, poner el telediario, ver que abren con una noticia sobre la ola de frío que atraviesa el norte de Europa y sentir una mezcla de envidia y tranquilidad.

OPCIÓN 2: Pasar en Polonia el invierno más largo que se recuerda en los últimos 40 años. Experimentar la primera nevada en octubre y que a día 2 de abril las calles estén completamente cubiertas de nieve y siga nevando.

¿Con cuál os quedáis? Porque yo todavía no lo sé. Lo que sí sé es que por mucho que me encante juguetear con la nieve y pasarme horas pegado a la ventana cada vez que nieva como si fuese la primera vez… empiezo a estar saturado. Entre eso y que hace ya unos meses que tenía pensada una escapada a Ucrania y Moldavia he decidido que este es el momento oportuno. Y ahora si tenéis un rato mirad las temperaturas en la Península de Crimea para los próximos días: ¡PRIMAVERA!

viernes, 22 de febrero de 2013

Łódź: decadencia de un pasado con futuro.

Las malas lenguas tenían razón. Łódź es una ciudad fea, gris, la máxima expresión de la decadencia polaca tras la 2ªGM, el declive arquitectónico, la vejez de lo sobrevivido… Pero en esa fealdad reside un atractivo con un potencial infravalorado. Me atrevería a decir que Łódź es una pequeña Berlín en potencia que, aunque empieza a hacer pinitos, todavía necesita ser descubierta.

viernes, 15 de febrero de 2013

Łódź



Pensaba que la decadencia de los trenes serbios era insuperable, incluso los trenes marroquíes visten con mayor encanto, pero hoy he descubierto que el Regional 7124 que une las ciudades polacas de Poznan y Lodz se lleva la palma. Cinco largas horas de traqueteos constantes, chirridos y parones para recorrer tan solo 250 km. Deberían cambiar el nombre de este tren y llamarlo algo así como “feria ambulante”, porque hasta el olor a fritanga ha viajado con nosotros gracias a los bocadillos que medio tren ha sacado a la hora de comer. Tal ha sido la función que he llegado a echar de menos el cinturón de seguridad en algunos tramos, y eso que no creo que hayamos superado los 60km/h.

Aún así, mi enamoramiento por este medio de transporte y por Polonia no cesa. Esta es la decima ciudad polaca que visito en los 5 meses que estoy a punto de cumplir aquí, el 18 de febrero exactamente. Prefiero no pararme a pensar en los kilómetros recorridos (más de 5.000) ni mucho menos en las horas de tren a mis espaldas.